viernes, 2 de enero de 2015

Simone Weil, "Pensamientos sin orden concernientes al amor de Dios" -2da. entrega.




“El trabajo del cultivador no consiste en ir a buscar la energía solar ni siquiera en captarla, pero sí en acondicionar todo, de manera que las plantas capaces de captarla y transmitirnos esa energía la reciban en las mejores condiciones posibles. El esfuerzo que el cultivador provee en este trabajo no viene de él mismo, sino de la energía que el alimento puso en él. Es decir, esta misma energía solar guardada en las plantas y en la carne de los animales que se alimentan de plantas. Del mismo modo, no podemos hacer otro esfuerzo hacia el bien, más que el de disponer nuestra alma a recibir la gracia, y la energía necesaria para este esfuerzo nos es proporcionada por la gracia. 
 Un cultivador es perpetuamente como un actor cuyo rol en un drama sagrado sería el de representar los relatos de Dios y la creación.
No sólo la fuente de energía solar es inaccesible al hombre, sino también el poder que transforma dicha energía en alimento. La ciencia moderna mira la sustancia vegetal que llamamos clorofila como si fuera la sede de ese poder; la antigüedad decía savia en lugar de clorofila, lo que es lo mismo. Como el sol es imagen de Dios, así la savia vegetal, que capta la energía solar y que hace que las plantas y los árboles se eleven erguidos contra la gravedad, se ofrece a nosotros para ser triturado y destruido en nosotros y así alimentar nuestra vida. Esa savia es una imagen del Hijo, del Mediador. Todo el trabajo del cultivador consiste en traer esta imagen.
            Es necesario que una poesía tal envuelva el trabajo del campo en una luz de eternidad. De otro modo, la monotonía conduciría al embrutecimiento, a la desesperanza o la búsqueda de satisfacciones más groseras; ya que la falta de finalidad que es la desgracia de toda condición humana se muestra más visiblemente. El hombre se agota en el trabajo para comer, come para tener la fuerza de trabajar, y luego de un año de esfuerzo todo es exactamente igual que al principio. Trabaja en círculo. Sólo la iluminación divina permite al hombre soportar la monotonía. Sin embargo, por esta razón, incluso una vida monótona es mucho más favorable que la salvación”.

Weil Simone, Pensées sans ordre concernant l'amour de Dieu, Éditions Gallimard, 2013.

© Traducción de Carolina Massola

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